Limpiar mi escritorio no es una tarea que deseo con ansias, pero si es necesario de cuando en cuando. Con el paso de los días se acumulan decenas de notas de pago, notas de clase, notas de estudios, reportes, pruebas, correo basura y un sin fin de papeles que, si no los remuevo, crean una montaña invasiva sobre mi centro de trabajo; así que armándome de valor cojo un basurero y comienzo la labor de “buscar y destruir”.  En cada ocasión encuentro cosas que me enfrentan al pasado, cada nota, reporte o apunte me hace volver a pensar en situaciones, decisiones o emociones, y tengo que tomar la decisión de destruir o conservar, no siempre es lo primero, por lo tanto a veces termino conservando la mitad de lo que debería haber tirado a la basura, muchas de esas cosas vuelven a tomar su lugar en el escritorio, esperando el próximo momento de limpieza.

Un proceso similar sucede en nuestras vidas. Con el paso de los días acumulamos basura emocional que solamente obstaculiza nuestra mente y nuestro actuar. Las emociones, los rencores, malestares, molestias y demas reacciones negativas son la basura mental y espiritual que conservamos junto a nosotros y a menudo llevamos a todos los lados.

Imagínate cargar una gran bolsa de basura en el asiento trasero de tu auto, o que en lugar de tus objetos personales en tu bolso de mano lleves la basura de la cocina a la escuela o al café, ¿ no es nada agradable verdad?, pues si mirásemos a nuestro corazón y nuestra mente veremos que cargamos toda clase de basura emocional y espiritual.

El escritor del salmo 139 dice:  Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: Pruébame y reconoce mis pensamientos: Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno. (v  23-24) de esta manera se inicia un proceso de limpieza que Dios realiza en nuestra mente y corazón.

Así como el proceso de limpieza en casa comienza con el deseo de hacerlo, el proceso de limpieza de nuestra mente y corazón comienza con el deseo de pedirle a Dios que inicie el “buscar y destruir”, seguramente encontrará toda clase pensamientos dañinos, actitudes perversas, sentimientos negativos y toda clase de basura mental que tiene que destruir para dotarnos de un corazón  y una mente renovada.

Al final de mi proceso de limpieza del escritorio me queda un aire de satisfacción, al vaciar el bote lleno de basura acumulada, siento una sensación de alivio. De esa misma manera cuando Dios limpia nuestras vidas produce una sentimiento de liberación y la vuelta del gozo que la basura emocional había cubierto. Así lo expresó el rey David cuando dijo: Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría; que se regocijen los huesos que has quebrantado. (Salmo 51: 7,8).

¿Te gustaría experimentar esa misma sensación de liberación y gozo? Comienza pidiendo a Dios que comience el proceso de limpieza, puedes estar seguro que así lo hará.

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