Convicción

¿Qué harías si alguien te dice que en 40 días vendrá una gran calamidad y que tu tierra será arrasada? ¿Te pondrías a cuentas con Dios?

Así fue el caso de la gente de Ninive cuando Jonás les anunció que en 40 días su nación iba a ser arrasada la gente se puso a ayunar y orar; “Y los habitantes de Nínive creyeron en Dios, y proclamaron ayuno y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos”. (Jonás 3:5)

Cuando esta noticia llegó al rey de Nínive él también se convenció que la mejor manera de enfrentar la crisis era orando y ayunando, así que hizo publicar un decreto en el que ordenaba que todos sus súbditos–incluyendo sus animales- no probaran alimento ni bebida, imploraran la misericordia de Dios y se arrepintieran de sus pecados. (Jonás 3: 7-9)

Al final Dios se compadece de Nínive y les perdona. Y vio Dios sus acciones, que se habían apartado de su mal camino; entonces se arrepintió Dios del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo. (Jon 3:10)

La historia de Nínive es un ejemplo de cómo la convicción de nuestra necesidad de arrepentimiento acompañada de oración pidiendo la misericordia de Dios puede cambiar la cosas.

Dios promete tener misericordia si nos humillamos ante él y pedimos perdón.   Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. (1Jn 1:9)

Al ayunar y orar hagámoslo con la convicción de qué Dios está mirando nuestros corazones arrepentidos y dispuestos a buscar Su misericordia.

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