La época de Navidad es una de la épocas más esperadas, si no la más esperada. es tiempo de fiestas, regalos, abrazos y felicitaciones. También para hacer un lado las preocupaciones y darse un tiempo para relajarse y divertirse. Mucho de ese tiempo es para hacer compras. Esa es la navidad actual. ¿Pero antes de la venida de Jesús cuál era la expectiva? 

 

En Isaías 61 el profeta habla en nombre de Dios para describir el regalo que la humanidad recibiría. Este capítulo es la promesa de un Mesías, de un libertador. El pueblo de Dios había estado sumido en dificultades por siglos. Habían sufrido persecuciones, deportaciones, invasiones, conquistas y destrucciones repetidas. Su sufrimiento era tal que habían perdido su nación, habían sido esclavizados y vivían en cautiverio, constantemente esperaban que alguien se levantara para darles de nuevo su dignidad y libertad.

 

La palabras del profeta Isaías fueron palabras de esperanza, de gozo y seguridad. No eran promesas de cambio social únicamente. Era la seguridad de un transformación profunda, el mensaje de un libertador que cambiaría el corazón y el espíritu del hombre.

 

En este pasaje encontraremos una descripción del hombre y de la condición del hombre, También habla de un mensaje cambios y también habla de un futuro posterior al cumplimiento de la promesa.

La condición del hombre ( 61:1-3)  

En esta primera parte el profeta describe la condición moral, social y espiritual de la humanidad, tal como Dios la percibió: ¿Para quiénes era este mensaje? 

En estos tres versos se mencionan a los abatidos, quebrantados de corazón, cautivos y presos, enlutados y angustiados.

¿Qué esperaría si te sintieras así? ¿Cómo reaccionaría ante una noticia que pronto tu situación cambiaría radicalmente?

 

Mathew Henry comenta que la condición del hombre era de humildad, ante tales circunstancias el hombre ha perdido todo orgullo, el espíritu de la persona abatida por el luto y la pérdida ha perdido toda altivez.  El evangelio se recibe mejor cuando hay pobreza de corazón -dice el comentarista – 

 

Dios había permitido que el pueblo de Israel sufriera persecución y esclavitud como un forma de preparación del momento propicio para la llegada del Mesías. 

Hoy no tenemos que ser invadidos, ni deportados para conocer el horror de la esclavitud, el hombre vive esclavizado por sus pasiones y sus deseos materiales. Hoy también hay abatidos, quebrantados, cautivos, presos, enlutados y angustiados. Nuestra sociedad moderna solo difiere por las tecnologías pero la necesidad espiritual es la misma. El pecado domina el corazón de las personas como antes de la promesa del Mesías, hoy como en tiempos de Isaías se necesita también el mensaje de libertad.

 

El mensaje de la gracia es para el corazón humilde, para el que reconoce su condición de pecador, para el que acepta su esclavitud, para el pobre en espíritu que admite su incapacidad para salvarse a sí mismo, como Jesús dijo  “bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” ( Mateo 5:3)

 

Para estos pobres es el mensaje del Mesías, el consolador para el enlutado, el libertador para el esclavo, el sanador para el enfermo.

 

Si hacemos un examen de nuestra condición en este momento, ¿qué encontraríamos? Si hay luto, quebrantamiento, angustia o esclavitud a causa del pecado, entonces este mensaje es tan actual como lo fue para la gente de Israel, es para cada uno de nosotros. El Mesías entonces no ha llegado aún para aquellos que sufren bajo la esclavitud de Satanás.

 

Promesa de cambios ( 61: 4-7)

 

La promesa de Dios no se limitaba a unas palabras de aliento, una palmada en el hombro para decirte “no te preocupes todo saldrá bien”, O “ya te recuperarás de ello” como usualmente decimos actualmente. La promesa del Mesías implicaba cambios reales y profundos.

 

El primer cambio es ir de la destrucción a la restauración ( 6: 4). La condición humana sin Cristo es de destrucción. Jesús dijo que el enemigo viene a matar y destruir  ( Juan 10:10), pero Jesús vino a dar vida abundante. Dios envió al Mesías para levantar lo destruido, a reconstruir y restaurar la ruinas causadas por el enemigo. La vida sin Cristo es una vida destruida y arruinada. Jesús vino a reconstruir y levantar de nuevo la habitación del Espíritu Santo. 

 

El segundo cambio es el de la esclavitud al servicio  (5-6). De haber sido humillados por los extranjeros, ahora serían servidos por ellos, de haber sido separados del sacerdocio ahora serían exaltados como sacerdotes de Dios. El trabajo y el sacerdocio no son diferentes ante Dios, es un honor servirle. 

 

Cada persona que recibe la gracia de Dios está llamada a ser un sacerdote a su servicio. El Apóstol Pedro dice “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido; para que anunciéis las virtudes de Aquél que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” ( 1 Pedro 2:9). 

 

Los que habían sido esclavos al servicio del pecado ahora debían ser servidores de la gracia de Dios. Ser libre para servir, debería ser nuestra meta. Dios envió al Mesías para hacernos libres, no para enredarnos de nuevo el pecado sino para rendirnos a su servicio.

 

El tercer cambio es de la deshonra al gozo. La vida del hombre sin Cristo es de “doble confusión y deshonra” (61:7), no hay propósito para vivir, no hay esperanza, no hay identidad, ni valor. Dios envía a su hijo para restablecer el lugar que pensó cuando creó al hombre como corona de la creación. Dios tenía que hacer algo para darle de nuevo al hombre su lugar y devolverse su honra. Jesús vino a devolvernos esa honra que el pecado había robado.

 

Aquellos que hemos recibido a Cristo y creemos en la promesa cumplida, examinemos nuestras vidas y veamos si hemos sido reconstruidos totalmente, si estamos viviendo al servicio de Dios y si nuestra vida ha recobrado el gozo que nos da saber que ya no vivimos bajo la esclavitud del pecado sino bajo la gracia de Dios.

 

 

La última parte de la promesa es para un futuro mejor. ( 61:8-11)

 

La obra de Jesucristo se cumplió totalmente cuando entregó el espíritu  y dijo “Consumado es” ( Juan 19:30) Su parte en la tierra estaba hecha, el pecado había sido pagado y la era del dominio de Satanás había llegado a su fin. Sin embargo ese instante también significó el principio de la preparación del futuro. Dios planeó el proceso de crecimiento del renuevo o retoño del pueblo.

 

Cuando dice el profeta : “… por tanto afirmaré en verdad su obra, y haré con ellos pacto perpetuo.  Y la simiente de ellos será conocida entre los gentiles, y sus renuevos en medio de los pueblos; todos los que los vieren, reconocerán que son simiente que Jehová ha bendecido. (vv 8-9) estaba vislumbrando el futuro posterior a la obra consumada del Mesías.

 

Como la Vara de Aarón que reverdeció, dio flores y produjo almendras : Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al tabernáculo de la congregación; y he aquí que la varadeAarónde la casa de Leví había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras. ( Números 17: 8-9) así el pueblo de Dios renace, se renueva, brota nuevos retoños y da frutos.

 

El Mesías vino también a dar una promesa para el futuro…Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su simiente, así el Señor Jehová hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones. ( v 11) 

 

Conclusión

EL mensaje del Mesías es un mensaje de gozo, es una esperanza real. Dios envió a Jesús a cumplir su mensaje. Cuando Jesús tomó el rollo de Isaías en la sinagoga y comenzó a leer la promesa del Mesías dijo: Y comenzó a decirles: Hoysehacumplido esta Escritura en vuestros oídos.  ( Lucas 4:21). 

 

Hoy también podemos decir que se ha cumplido la promesa. Dios envió a su hijo para liberarnos, darnos consuelo, vendar nuestras heridas, levantarnos de las cenizas del luto, devolvernos la honra, prepararnos para una renovación completa y para muchos frutos en su servicio.


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