Leer: Mateo 5:21-3

Introducción

Recordemos que el sermón del monte es una recopilación de los 10 mandamientos, Jesús le enseñó por medio de las bienaventuranzas la forma en que espera que sus discípulos se comporten, pero además les dio instrucciones más precisas en los distintos temas que trató como La influencia del cristiano en el mundo siendo sal y luz, La justicia del cristiano por medio de la obediencia a la ley, les habló del Matrimonio y de la forma de hablar, hoy meditaremos acerca de dos aspectos un poco controversiales pero a la vez cotidianos: el enojo y la codicia.

  • ¿Alguno de nosotros se ha enojado en esta semana?
  • piensa cuánto te duró el enojo, ¿mucho, poco, más de un día?
  • Piensa en qué fue lo te hizo enojar, ¿valió la pena el enojo? ¿era importante? ¿te enojó la persona o la situación? ¿fue por algo que no obtuviste? ¿fue por algo que no lograste?

El enojo no es pecado

Algunos de nosotros tendemos a enojarse con facilidad, otros toleran más las situaciones y no pierden los estribos fácilmente. Enojarse no tiene nada de malo, de hecho yo he dicho que todos tenemos derecho a enojarnos de vez en cuando, es saludable porque el enojo puede llevarnos a acciones positivas, como por ejemplo enojarnos por una injusticia cometida contra el prójimo, o hacia uno mismo, puede llevarnos a demandar un trato más justo.

  • ¿Estaba Jesús en contra del enojo? Por supuesto que no, de hecho en el evangelio de …encontramos a Jesús enojado contra los mercaderes que había convertido el templo de Dios en una cueva de ladrones.
  • Dios el padre también se enojó varias veces contra el pueblo de Israel por su infidelidad y les castigó para que volvieran al camino correcto.

El enojo si puede llevar al pecado

Dios no se opone al enojo, pero nos previene porque el enojo puede llevarnos a pecar contra Dios.

Podemos inclusive ofender a nuestro prójimo con nuestras palabras o nuestras acciones.

¡Cuántas veces nos hemos enojado y luego nos arrepentimos de lo que hicimos o dijimos cuando estuvimos enojados!

Un Ilustración.

Hubo una vez un niño que tenía muy mal genio. Su padre le regaló una caja de clavos y le dijo que cada vez que perdiera el control tenía que clavar un clavo en la parte trasera de la reja.

El primer día el niño había clavado 37 clavos en la reja. Durante las próximas semanas, como había aprendido a controlar su rabia, la cantidad de clavos comenzó a disminuir diariamente. Descubrió que era más fácil controlar su temperamento que clavar los clavos en la reja. Finalmente llegó el día en que el niño no perdió los estribos.

Le contó a su padre sobre esto y su padre le sugirió que por cada día que se pudiera controlar sacara un clavo Los días transcurrieron y el niño finalmente le pudo contar a su padre que había sacado todos los clavos.

El padre tomó a su hijo de la mano y lo llevó hasta la reja. Le dijo: “Haz hecho bien, hijo mío, pero mira los hoyos en la reja. La reja nunca volverá a ser la misma. Cuando dices cosas o haces cosas con rabia, dejan una cicatriz igual que ésta.

Así pasa cuando nos enojamos, dejamos huellas o cicatrices en nuestra relación con las personas. Por eso Jesús enseño que el enojo puede compararse con el asesinato.

Enojarse es igual a cometer asesinato

Jesús llevó el enojo a otro nivel. Enseñó que el que se enoje contra su hermano se merece ser llevado a juicio y el que ofenda a su hermano con palabras rencorosas equivale a cometer asesinato.

¿puede el enojo equipararse al asesinato? Jesús dice que si. ¿Alguna vez has dicho cuando estas enojado “me da ganas de matarte”? Quizás digas que no lo dices en serio pero, el enojo te hace decir cosas como esas y aún peores.

Cuando nos enojamos usamos palabras ofensivas o insultos, eso es lo que Jesús dice que nos hace pecar. Enojarse al extremo de desear la muerte de las personas es como si se estuviera cometiendo un asesinato.

Cómo lidiar con el enojo

Lo primero que debemos reconocer es que el enojo lastima nuestras relaciones con los demás y también nuestra relación con Dios. El enojo entorpece nuestra adoración y evita que nuestras ofrendas lleguen a Dios.

Por eso Jesús enseñó que si al estar adorando viene a nuestra mente que alguien tiene un agravio contra nosotros es mejor ir primero a ponernos a cuentas con esa persona, hacer las paces y entonces podemos ofrecer la ofrenda a Dios.

Dios quiere evitarnos esos estorbos tanto en las relaciones con el prójimo como con la relación con Dios.

El apóstol Pablo enseña : “ENOJENSE, PERO NO PEQUEN; no se ponga el sol sobre su enojo,” Efesios 4:26, en otras palabras, no dejes que llegue la noche sin que te deshagas de ese enojo, porque cuando eso sucede el enojo te lleva a pecar. Nuevamente el apóstol Pablo enseña: “Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, estad en paz con todos los hombres.” Romanos 12:8

¿Estás enojado contra alguien? en este momento te pido que reconozcas que ese enojo está estorbando tu intimidad con Dios. Arregla ese enojo cuanto antes.

El segundo tema que Jesús trata en este pasaje es el de la codicia.

¿ Qué es la codicia? El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española lo define como “ 1. f. Afán excesivo de riquezas. 2. f. Deseo vehemente de algunas cosas buenas (y también dice) 4. f. ant. Apetito sensual.

La codicia es condenada por Dios

En primer lugar Dios condenó la codicia desde los 10 mandamientos. Le dijo a su pueblo.

“No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo” Exodo 20:17 ¿Así o más explícito?

La codicia es condenada porque hace que el corazón del hombre se vuelva insaciable. La codicia no llega jamás a satisfacerse. Siempre se querrá un poco más, una cosa más, un poco más.

La codicia puede llevar a convertir las cosas en amos, y puede convertir a las persona en esclavas de lo material.

Jesús enseñó: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.” Lucas 12:34 Este mensaje es tan pertinente hoy como en aquellos días, quizás un poco más hoy día en que estamos rodeados de tanto materialismo y consumismo.

El adulterio es condenado por Dios

Notemos que en el décimo mandamiento Dios dice “no codiciarás la mujer de tu prójimo” y también dice “no cometerás adulterio” Estos dos mandamientos se relacionan entre sí en el mismo objeto. Ambos hablan de la sexualidad fuera del deseo de Dios.

Dios se preocupó por su pueblo aún en sus relaciones sexuales. Dios nos hizo seres sexuales pero también nos previene de los peligros de salirnos del orden que él puso para ejercer nuestra sexualidad.

El escritor de Hebreos dice: “ Honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; mas a los fornicarios y á los adúlteros juzgará Dios.” Hebreos 13:4 . En el libro de Proverbios encontramos las siguientes palabras “Será bendito tu manantial; y alégrate de la mujer de tu juventud” Proverbios 5:18

Dios se complace en la sexualidad ejercida dentro del matrimonio y cualquier otro acto sexual fuera del matrimonio es condenado: el adulterio y la fornicación son las formas de sexualidad que Dios más condena.

“ ¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales,ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios.” 1 Corintios 6:9-10

La codicia es equiparada con el adulterio

Jesús nuevamente lleva la codicia y el adulterio a un nivel más alto. Quizás alguien diga que jamás ha cometido adulterio y con eso se sienta seguro, sin embargo Jesús nos confronta de esta manera. “ Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón” Mateo 5:28.

Quizás esto nos parezca un poco radical. Sin embargo Dios conoce los peligros a los que nos enfrentamos en el plano moral especialmente en estos tiempos en que estamos expuestos a toda clase de imágenes sexuales. Tanto la televisión, los periódicos, las revistas, el cine y todo tipo de mercadeo explotan el cuerpo humano para vender.

Podemos afirmar que este mandamiento aunque dice “ el que mira a una mujer para codiciarla” también se puede aplicar a “el que mira a un hombre para codiciarlo”, no podemos negar que el deseo entra por los ojos y tanto afecta a hombres como mujeres.

Hermanos y hermanas, si somos sinceros debemos admitir que en algún momento hemos sido expuestos a imágenes que despiertan algunos deseos sexuales.

El peligro de estar expuesto a tanta imagen con alto contenido sexual es que se ha desvalorado lo bello que Dios creó. El cuerpo de la mujer y del hombre se han reducido a mercancías y objetos para codiciar.

Dios quiere que su pueblo viva santamente y los deseos del corazón pueden llevarnos a pecar con el pensamiento. Por eso Jesús equipara la codicia con el adulterio, nuestro ojos pueden ser ocasión de caer, es decir por nuestros ojos entra la codicia y se transforma en pecado de adulterio.

John Stott comenta que no sería posible establecer una regla o ley que indique qué libros, revistas, películas, obras de teatro, etc. deba ver o no ver un cristiano o qué exhibiciones de arte deba o no visitar el cristiano.

Tampoco podemos erigirnos como jueces de los demás indicando qué debes o no ver, pero si podemos recordar que Jesús nos enseñó que si nuestro ojo es ocasión de caer, no mires y si tu pie es ocasión de caer, no vayas y si tu mano es ocasión de caer, no toques.

Jesús no estaba diciendo que debamos sacarnos los ojos o mutilarnos las extremidades, lo que está diciendo que debemos controlar nuestras acciones y pensamientos para no caer en tentación.

Si queremos vivir como hijos obedientes a nuestro padre celestial, entonces también debemos abstenernos de todo aquello que nos pueda conducir al pecado y la desobediencia y eso incluye evitar todo aquello que conduce a los deseos impuros.

Cuidemos nuestro corazón y nuestros pensamientos de todo aquello que nos haga desobedecer a nuestro padre.

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